Por Cristobalina Alonzo
Cuando leo hoy sobre las diversas teorías y enfoques existentes sobre la alfabetización, que sí conductismo, que sí asociaciones. Que si condicionamiento operante, que si E-R, que si cognitivismo, que si constructivismo, que si el método de palabras generadoras. Que si el método fónico, que si el método silábico, que si el método global de Ovidio Decroly o María Montessori. Yo me pregunto: con tantas corrientes y explicaciones sobre el aprendizaje, ¿qué ocurre en la escuela hoy que los niños llegan a 4to? Y 6to. Curso semianalfabetos? ¿Una escuela con tantos métodos, recursos bibliográficos, tecnológicos y audiovisuales?
Alfabeticé durante 11 años, en una época en que no había preescolares ni preescolar ni Internet; los padres no compraban libros a los hijos y mis niños, antes del tercer mes y después de un pequeño apresto de un mes, ya leían y escribían la tercera lección del libro Yo Aprendo a Leer de la insigne maestra dominicana Aurora Tavarez Belliard. En mi época, la etapa del garabateo para el desarrollo de los músculos finos del niño se hacía en papel de envolver o en periódicos viejos; no había caligrafía de 700 u 800 pesos ni libros de colorear. No había tecnología, pero había padres y maestros que educaban con amor, disciplina y respeto; se amaba y respetaba al maestro como a sus segundos padres y no se le desautorizaba e irrespetaba frente a los alumnos.
El maestro enseñaba con empatía, amor y dedicación; no había arrogancia por los títulos, pero sí comunicación e interés por cada niño y sus dificultades.
La mayéutica socrática, con sus preguntas inquisitivas y reflexivas, nos enseñó a desarrollar el pensamiento crítico de nuestros alumnos. Paulo Freire y su método dialógico nos enseñaron que era importante situar al alumno en su contexto real.

Maestro, cuando tu clase es un monólogo vacío de interacción y comunicación, te pierdes de aprender junto a tus alumnos, y ellos se desinteresan por aprender junto a ti y no te escuchan porque también tienen su monólogo interno. ¿Te has interesado alguna vez por conocer sus inquietudes? En el aula dialógica aprendemos todos; en el monólogo didáctico te cansas tú y se aburre el alumno.
Michael Sandel. Profesor de filosofía en Harvard nos dice que "la humildad y la empatía deben prevalecer por encima del prestigio del docente… que la enseñanza reducida a la transmisión pasiva de conocimientos levanta un muro que impide la creación de un espacio vivo donde la duda y las voces divergentes construyen sentido común". Y yo creo que la interacción alumno-maestro y el diálogo aulico desarrollan el pensamiento crítico, seres pensantes, con autoestima equilibrada y ciudadanos identificados y comprometidos con su realidad y son el antídoto al enajenamiento de la sociedad moderna donde el disfrute, el lujo y el confort están primero que todo y por encima de todo.