Las Marchantas. Patrimonio Cultural del Cibao que Debemos Preservar

Las Marchantas. Patrimonio Cultural del Cibao que Debemos Preservar



Santiago de los Caballeros | Por José Armando Toribio

Imágenes cortesía de: María Martínez Malagón

Las Marchantas forman parte esencial del alma popular dominicana. Su imagen recorre con dulzura y nostalgia las calles de Santiago, donde su presencia ha dejado huellas imborrables en la memoria colectiva de generaciones enteras. Ellas no solo vendían productos, sino que ofrecían cercanía, alegría y un sentido de comunidad que hoy parece diluirse con los cambios del tiempo.

El monumento a la Marchanta en la Carretera Duarte es un símbolo que debemos preservar con amor y compromiso porque encierra la historia viva de nuestras mujeres trabajadoras. Su defensa es una manera de mantener viva la esencia de un pueblo que reconoce el esfuerzo y la dignidad del trabajo humilde, pero trascendente.

Además de las hermosas playas, que constituyen un atractivo del turismo dominicano y que han convertido a la República Dominicana en uno de los escenarios de rodaje más magníficos para la industria cinematográfica internacional, están las muñecas de porcelana sin rostro, una imagen cultural que cautiva en los aeropuertos. Estas muñecas, que los turistas suelen comprar en los aeropuertos de la República Dominicana, simbolizan a las mujeres del mercado (La Marchanta). Estas populares muñecas dominicanas sin rostro están elaboradas para reflejar la rica y diversa herencia de las mujeres dominicanas, incluyendo el papel fundamental de las vendedoras del mercado.

Las marchantas representan  el espíritu diverso y trabajador de las mujeres locales —ya sean agricultoras, vendedoras ambulantes o artistas— sin centrarse en un solo rostro identificable. Diseñadas para mostrar la fusión de influencias taínas, africanas y europeas, estas muñecas carecen de rasgos faciales, lo que les permite representar a todas las mujeres dominicanas en lugar de ajustarse a un estereotipo individual o racial.



Las Marchantas deben ser declaradas patrimonio cultural del país porque representan una tradición que combina identidad, sabor y arte popular. Sus cantos, sus trajes coloridos y su manera única de llamar al cliente forman parte de un patrimonio intangible que debe ser protegido como testimonio de nuestra riqueza cultural.

El guanimo y el maíz pelao son productos que solo las marchantas preparan con ese toque de autenticidad que no se encuentra en ningún otro lugar. Su forma de elaborar y ofrecer estos alimentos es una herencia que se transmite de generación en generación, un ritual cotidiano que encierra la memoria de nuestros sabores más genuinos.

La Marchanta Dominicana es un homenaje a esas mujeres que, con orgullo y sazón, forjaron una tradición que aún vibra en el corazón del pueblo. Ellas no fueron simples vendedoras, sino portadoras de cultura y símbolo de resistencia femenina ante la adversidad del tiempo y las circunstancias.

Es una necesidad nacional evaluar la confusión cultural que enfrentamos y tomar el arte como referente para reencontrarnos con nuestras raíces, porque, sin la valoración de nuestras expresiones autóctonas, corremos el riesgo de perder lo que nos hace únicos. Las marchantas son arte viviente y expresión pura del folclore santiaguero.

A usted no le da nostalgia ver a una marchanta con su canasto lleno de maíz pelao o guainos caminando por Don Pedro Monte Adentro o Tamboril. Esas mujeres son la memoria andante del Cibao; por eso, la mujer de esas comunidades debe luchar por mantener en pie el monumento a la Marchanta, porque defenderlo es defender nuestra historia, nuestra identidad y nuestro orgullo popular.
Back to blog

Leave a comment

(0)